El ladrón de sueños Carmen Martos Expósito
Mi abuela me lo contó una noche de luna y lluvia. Acurrucada en su regazo me mecía en su vieja mecedora al son del rancio reloj del aparador. Tic tac, tic- tac. Yo la escuchaba con los ojos cerrados como ella siempre me había enseñado. Sólo así, me decía, sabrás el verdadero significado de las palabras y si éstas brotan del corazón o sólo de la garganta. Apoyada mi oreja en su pecho, yo oía cómo salían las suyas, roncas y fuertes de sus entrañas. Tic-tac, tic-tac decía el reloj. Y mi abuela me contó que existía en todos los lugares del mundo un ladrón de sueños. Que había millones repartidos por todo el planeta y que siempre existirían mientras hubiera gente que tuviera deseos e ilusiones. Se instalaban en nuestras vidas y adoptaban las formas más extrañas e inquietantes. Una gota de lluvia, el aire que respiramos, un suspiro o la soledad eran algunas de las transformaciones que ella conocía pero, me aseguraba, podía adquirir cualquier forma, podía transformarse en el mástil de un barco, en el columpio de un parque, o en un jardín de naranjos....

Tic-tac. Se quedaba con nosotros. Había que estar alerta. Nos observaba tenazmente, vigilaba nuestras vidas y sólo atacaba en el momento en que la persona formulaba un deseo aunque fuera mudo, sin voz, aunque sólo fuera con la mente. Lo succionaba despacito con sus antenas extractoras. Tic-tac., seguía el reloj. Y chas! Ya lo tenía atrapado. Mi abuela me contó que el ladrón de sueños tenía una casa gigante en un lugar oculto y oscuro que nadie debía conocer donde almacenaba todos los sueños e ilusiones: allí se encontraban amontonados en pilas amores perdidos, riquezas jamás halladas, bebés no nacidos incluso golosinas, zapatos, relojes, juguetes y belleza inalcanzada. De todo lo que te puedes imaginar y lo que no también, me decía mi abuela. Los deseos son caprichosos y el ladrón de sueños necesita los sueños robados para existir.

Mi abuela me hizo prometerle que nunca, nunca, nunca dejara de tener deseos e ilusiones. "Porque cuando lo hagas, me dijo, desaparecerás como el olvido. Te convertirás en un agujero negro y vacío. Vida sin vida". Me dijo que tuviera mucho cuidado a la hora de desear algo porque podría desaparecer sin más, si un ladrón de sueños se encontraba a mi lado. Tic-tac. Tic-tac. Y el reloj hacía tic-tac, tic-tac. Y mi abuela se balanceaba de adelante atrás con su mecedora. Y entonces yo pensé que quería mucho a mi abuela, que me encantaban sus historias y, sin querer, deseé que no desapareciera nunca de mi lado...... Y el reloj hacía tic-tac, tic-tac. Y entonces me puse a llorar y le expliqué lo que había deseado sin querer. "No llores, me dijo ella, a veces el ladrón aunque se encuentre presente no te puede robar. Las hadas de los sueños bailan y cantan alrededor tuyo y el ladrón de sueños no puede ni oír ni ver tu deseo. Entonces estás a salvo". Tic-tac. Tic-tac. Le pregunté si podría saber cuándo estaban las hadas conmigo. Me dijo que era imposible porque eran transparentes a nuestros ojos y silenciosas como el silencio para nuestros oídos. Me advirtió que tuviera cuidado cuándo deseara algo si de verdad lo quería, que lo hiciese a escondidas y que confiase y creyese en las hadas de los sueños porque sólo de esta forma me protegerían. Los ladrones de sueños son muy astutos y te atraen hacia ellos para que les cuentes tus sueños y quitártelos de cuajo para no conseguirlos jamás. Tic-tac. Tic-tac.

Pasaron los años y mi abuela del alma voló. Y entonces me acordé del ladrón. Él había estado allí escuchando aquella noche de luna gris. Tic-tac. Tic-tac.