Alguien puede pensar que
no se pueden amar a las piedras
pues yo las amo,
amo las piedras de una aldea
una aldea que no es mía y no es de nadie,
una aldea sin futuro
pero con historia,
con parte de mi historia.
Amo las piedras del camino
que me acercan a ella,
que me dicen que he vuelto
a un lugar de dónde yo nunca me fui,
en realidad, de allí no se fue nadie, no se va nadie
porque una parte de nosotros siempre se queda.
Se queda en las piedras
Amo las piedras de las casas
porque tienen vida
tienen risas escondidas
tienen llanto y dolor
y tienen esperanza,
aunque sea un esperanza incierta.
Amo las piedras de la fuente
por las que fluye el agua limpia.
El agua en el que moje mis manos
y en el que mojaron sus manos aquellos a los que más he querido.
Amo las piedras del monte
entre las que corre el viento
un viento vivo y valiente
que en su paso me susurra al oído
me dice que las piedras le dijeron que ellas también me aman