UNA PARADA EN EL MERCADO MARTA POLO YSALGUÉ

Un cocodrilo avanza lento por las alcantarillas, tapándole el paso a un ratón que tiene

prisa.

María acaba de tirar la cadena del water. Está contenta porqué le acaba de venir la regla.

El agua baja por las cañerías teñida de rosa por la alegría de maría, dando un empujón

por debajo del cocodrilo que ayuda al ratón a que no llegue tarde.

La casa de Rocío brilla de limpieza. Ella toca el piano blanco de cola que refleja

perfectamente la luz del sol en cada cuerda, dibujando un precioso arco iris en el techo,

que justo cuando aparece, de la taza del water del baño de Rocío, sale mojado un

ratoncito que llega a tiempo para ver el arco iris:

-.Disculpa arco iris... gracias por esperarme, es que un cocodrilo creó un atasco en casa

Ramírez con bajos.

María llama a Juan, para darle la buena noticia... por fin le vino la regla, pero en el

transcurso inmediato de la emisión de las palabras de María a la audición de Juan, pasa

una moto, que por ser yamaha, rompe la calma con un estridente ruido, pareciendo que

la guerra estalla.

Juan con la explosión se asusta y entiende que el retraso aumenta, y en su cara caen

lágrimas. Decide que para ser un hombre de provecho y un buen padre se alistará en el

ejercito.

Le falta una patata para el caldo y Luisa que es muy buena y obediente se va al

mercadillo en busca de la patata para su madre. Que mercado tan grande y que pequeña

se ve a Luisa desde arriba, desde el tejado, y que poco se ve a Luisa si te tapas la cara

con la mano. Y cuando ve un gran letrero que pone: PATATAS, Luisa se acerca y

chilla: una para el caldo! Y al grito, las patatas crean una avalancha que cae justo

encima de Juan, el novio de María, y encima de un señor de cuenca que pasaba por ahí.

Al señor, nada, ni un rasguño, pero Juan muere en el acto por el impacto de una patata

que alcanzo gran velocidad, según fuentes oficiales.

Un camello que va de desierto en desierto, esperando el lugar para reposar sus jorobas,

piensa por un instante que es un gato suave y de espalda lisa. Se mira las patas y en

ellas ve unas largas uñas con las que se imagina escarbando tierra, haciendo dos grandes

agujeros en el desierto, para dar reposo a sus jorobas; que al camello también le gusta

dormir boca arriba. Y en el mismo instante que el camello se da cuenta de que sigue

siendo camello, maría se entera de la muerte de Juan, dando la sorpresa que resulta

importarle un bledo ya que Juan, según ella, era homosexual.

La madre de Luisa empieza a perder la paciencia tanto esperar una dichosa patata para

el caldo, que con tanto amor prepara para su familia. Así que sin dudarlo decide poner el

fuego a toda marcha y ponerse a chillar hasta que el caldo se dé por aludido.

Mientras carmen, que así se llama la dueña del caldo, quien a su vez a parte de ser mujer

es la madre de Luisa, la niña causante del gran holocausto patatil, que provocó la muerte

de Juan, aunque tampoco pasa nada porqué a María le da igual, chilla: PATATA!

PATATA!

Las patatas del mercado, que por pena del señor del mercado que tiene ciática y se llama

Pablo, aún están en el suelo, convalecientes del resbalón, deciden que por no oír más los

chillidos de Carmen, se van a su casa a caldearse, las que quepan y las que no a

reivindicar una buena seguridad patatera.

Así que carmen cuando ve llegar un regimiento de patatas que al ritmo que andan van

cantando: .-izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda.

Les van saliendo grillos por todas partes, Carmen, que lo ve venir, cree que es una

plaga bíblica y se pone a rezar.

En casa de Rocío, que vive tres pisos por encima de Carmen, se oye el piano tan blanco.

Sentada en su sofá está Rocío, dando a relucir que bien suena el piano, cuando las teclas

se hunden solas, que ella pobre mujer a parte de ser manca, jamás ha estudiado solfeo.

Y el ratón que salta de cuerda en cuerda, hace melodías con una cucaracha instalada en

el piano, que cuando se encuentran solfean. Y rocío que se acalora abre la ventana, y

oye rezos de carmen y voces de patatas. Y no se le ocurre más que echarse a reír, con

tanta fuerza que una de las cuerdas del piano se rompe para caer encima de la

cucaracha, despeinándola, y del ratón desconcentrándolo; Así que los dos salen y ven la

imagen de rocío, riendo como loca, el grito reivindicativo patatero, y los rezos de

Carmen que pronto cambiara rezos por pregones.

Madre mía que bien le queda esa túnica a carmen, y ella tan alta en ese pedestal

pregonando sus imbecilidades. Madre mía carmen, solo te falta hablar del revés.

Carmen que el sol se pone, la luna sale y el lobo te come.